Una mirada sobre Nicaragua, Honduras y Centroamérica.

ESPECIAL | SICCI (Aporte comunicacional: Francois Soulard) – Félix Molina es periodista hondureño, director de la organización Alter Eco y secretario técnico de la Asociación de Medios Comunitarios de Honduras, AMCH. Dirige “desde algún lugar del mundo” el programa Plaza Comunitaria los lunes a las 8:30 am (hora de Centroamérica) a través de Radio Globo. Después de sobrevivir a dos atentados con arma de fuego en mayo de este año en Tegucigalpa, participó en el Foro Mundial de Medios Libres de Montréal, en agosto de 2016.

¿Cuál es tu lectura del proceso electoral que recién finalizó en Nicaragua?

Los resultados de las elecciones en Nicaragua no sorprenden por previsibles, sólo obligan a un análisis político regional en tanto éste es un modelo fortalecido dentro del ALBA, apoyado por países del sudeste asiático, y asechado por la política exterior de Estados Unidos.

La consolidación del sandinismo – orteguismo supone una estabilidad política para Nicaragua que es buena para los empresarios centroamericanos, porque les ofrece bajas tasas de aranceles e impuestos, seguridad ciudadana y jurídica, y la expectativa de una inversión extra regional de gran capital. Conozco algunos de los empresarios hondureños que movieron sus confiterías, fábricas de pan y agroindustrias al territorio nicaragüense en los últimos 12 años.

Pero, lastimosamente, también la continuidad del sandinismo en el poder se expresa en forma negativa para las organizaciones sociales disidentes, para los medios de comunicación independientes y/o comunitarios, y para los opositores políticos, que son objeto de controles y limitaciones lamentables.

Tengo amigos de radios comunitarias en Matagalpa con quejas claras y pequeños medios independientes en Managua, que no son de la CIA, sino de nicaragüenses críticos, con serias observaciones a la apropiación de las frecuencias de tv y radio por el círculo próximo a la familia presidencial y su compadre Ángel González. Así no está bien la cosa.

¿En qué impacta esto a Honduras y el complejo escenario post-golpe de Estado del 2009?

Para Honduras, la continuidad de Ortega en el poder supone la continuidad de las buenas relaciones con el Presidente Juan Hernández, quien impulsa un sólido plan de reelección que representará, lamentablemente, la profundización del modelo neoliberal con grandes proyectos mineros y represas de energía sobre territorios indígenas, y especialmente una carrera militarista que coloca las municiones y los uniformados en el centro de la vida pública.

En este momento Honduras sufre niveles de inseguridad similares a los ocurridos después del golpe de Estado, con una población forzada a la emigración hacia las viejas y nuevas rutas del éxodo económico y político, con el agravante que el principal expulsor es el miedo a perder la vida por las maras, los sicarios privados, la policía o las bandas de criminales coludidos con autoridades nacionales.

Uno de los fenómenos más críticos en el país es la participación de las Fuerzas Armadas en negocios privados, tanto en el área agroindustrial como en los proyectos mineros y represas, que ha ocasionado tensión en los territorios. El crimen impune de Bertha Cáceres ilustra esa alianza perversa entre inversionistas extranjeros transnacionales, bancos regionales y nacionales, con oficiales del ejército y la policía, y con un silencio cómplice de los medios corporativos y las iglesias fundamentalistas.

En mi entender, se avecina un período de mayor tensión social y política por el debate inacabado de la reelección presidencial, que redunda en la vida política del país desde el momento mismo que se redactó la actual Constitución en 1981, que no responde a un contrato social favorable a la ciudadanía.

Si es evidente en Honduras la desigualdad económica – por diversas razones estructurales – más aún evidente es el desbalance político con una élite pro estadounidense – pro Shell, Döle, Texaco, pro Comando Sur – sin una oposición que alcance a articular todavía una propuesta alternativa.

¿Cómo han avanzado las respuestas políticas en término de nuevas coaliciones populares y de movilización social?

Los dos nuevos partidos de masas surgidos después del golpe de Estado – Libertad y Refundación, y Partido Anti Corrupción – no alcanzaron todavía a coalicionar una propuesta de oposición. En ese contexto en perspectiva la situación para defensores de derechos humanos y el liderazgo social-popular no es favorable. La criminalización aumentará a medida que se eleven las tensiones pre-electorales. El país realizará elecciones primarias en tres niveles – Presidencial, Congreso y Alcaldías – en marzo 2017 y, elecciones generales, en noviembre de ese mismo año.

Hay una dinámica en el Nor Occidente del país, que articula principalmente el Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia, el Movimiento Ambientalista Santabarbarense (MAS), el ERIC de los jesuitas y la Organización Fraternal Negra de Honduras (OFRANEH), junto al COPINH. Hacen una fuerza importante opuesta a las expresiones frontales del neoliberalismo. El el centro del país, el movimiento estudiantil universitario es importante, pero sus niveles de articulación con otros actores sociales es débil; sin embargo tiene capacidad de movilización de la indignación juvenil, especialmente contra la corrupción y el continuismo del modelo violento y depredador.

Los efectos de la minería metálica a cielo abierto, la invasión de territorios garífunas por el turismo cinco estrellas, la limitación del derecho a la libre circulación con el impuesto del peaje vial, la violencia y la corrupción, son los temas de mayor potencial de movilización de la opinión ciudadana.

¿Hablaste de la influencia de Asía al inicio. Cómo ves su peso y su rol actualmente en América Central?

Las inversiones de China en instalaciones portuarias, maquila, comercio y minería son altas en Costa Rica y Nicaragua, principalmente, y la presencia de Rusia e Irán también, más en planos diplomáticos, políticos y en defensa. Una de las imágenes más potentes es el impulso de la construcción de un polémico canal interoceánico, que impactaría la influencia comercial del canal de Panamá. Es una realidad que ha llevado a Estados Unidos ha elevar su tono anti-sandinista y a fortificar sus bases militares y de vigilancia electrónica desde el territorio hondureño, en Islas de la Bahía, La Mosquitia – fronteriza con Nicaragua – y Palmerola (centro del país). Y esto es muy malo para los pueblos de toda la región.

¿Cómo se organizan los comunicadores populares y los periodistas en este escenario?

En Honduras? Bueno, aquí hay varios espacios de organización de comunicadores. Uno es Comunicadores Populares (COMPAH), impulsados por la OFRANEH y COPINH. Otro espacio es gestionado por Radio Progreso desde El Progreso Yoro, bajo la denominación de Red de Radios Populares. Su enfoque es territorial, fuertemente asociado a las luchas indígenas y negras en el país.

Yo personalmente participo de otros dos espacios, como fundador del Comité por la Libre Expresión, C-LIBRE, y de la Asociación de Medios Comunitarios de Honduras, AMCH, que acompaña a unas 23 organizaciones sociales que operan radios comunitarias en varios puntos del país. Nuestro énfasis es libre expresión, acceso a la información pública y articulación de luchas por los derechos humanos, la defensa de la tierra, la participación de jóvenes y mujeres en la vida comunitaria.

¿Finalmente Félix, cómo calificarías los avances de construcción en red, de formación en comunicación? ¿Qué límites y desafíos enfrentan en término de construcción?

El trabajo en red es siempre un desafío que pasa por la visión política, los hábitos organizacionales y las capacidades tecnológicas, principalmente. En ese sentido, puedo decir que nuestros enfoques están centrados en formación técnica y humana, trabajo en alianza, incidencia política para democratizar el espectro y aspiramos a fortalecer una plataforma centroamericana de difusión e intercambio con la Asociación Mundial de Radios Comunitarias – Centroamérica.

Los límites estructurales los encontramos en el analfabetismo ciudadano respecto a las nuevas tecnologías de los medios de información y comunicación, sus costos de acceso, la brecha digital en el país y la centralidad de las comunicaciones en el sector privado con fines de lucro y la irrupción religiosa fundamentalista en los medios con fines ideológicos y económicos también.

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