Pulpines, a un año de la victoria

GUILLERMO BERMEJO | PERÚ | No se preocupen. Este no sera otro articulo, de esos que sobran estos días, para pasarle franela a los pulpines esperando jalar votos para el molino de uno. Tiene como interés analizar que ha sucedido con la expresión popular juvenil mas grande que tuvo el Perú, y Lima especialmente, en los últimos tiempos.

En el Perú las protestas populares son un archipiélago de volcanes por todo el territorio en contra de un Estado y modelo económico enemigos de las mayorías. Algunos en erupción otros a punto de reventar. Es tal la sensación del estallido social que uno no sabe a ciencia cierta cual sera la gota que derrame el vaso de la paciencia de todos.

Es por eso que sorprendió al principio que sea una de las tantas leyes anti laborales que padece la clase obrera el motivo del desborde. El movimiento de masas que se vieron esos meses fueron en inicio espontaneo. Muy similar al de finales de los 90s contra la dictadura.

No se entienda por esto que no hubo partidos u organizaciones en las convocatorias. Pero nadie, organizado o no, puede sentirse padre de la criatura. Tanto así que el desorientado gobierno de Humala termino “denunciando preventivamente” a una serie de actores políticos y sociales que poco teníamos que ver con el asunto. Yo por ejemplo, cuando me entere que estaba denunciado, me encontraba apoyando a los pobladores del VRAEM y mas allá de la solidaridad en artículos por las redes nada tuve que ver con las primeras movilizaciones.

Marchas de 30 mil personas cada semana, casi todos jóvenes, que convencieron a todo el país de que esa ley abusiva debía ser derogada. Era impresionante el respaldo a consignas anticapitalistas: tanto en los barrios empobrecidos como en distritos acomodados, ya sea desde una combi o de un auto del año, llegaban los aplausos, el grito solidario, la sensación de esperanza futura. Y mas de un medio de comunicación que criminalizo al principio, reconoció al final que los muchachos estaban en lo cierto.

Esta protesta demostró también lo débil de las organizaciones sindicales. Si estas hubiesen sido lo que alguna vez representaron un Paro Nacional hubiera sido posible y exitoso. El problema siempre fue Lima y esta vez estaba en pie y a la vanguardia.

Pero ninguna Central movió mas de lo que pudo o quiso. Y una vez que el gobierno retrocedió, todo se fue encogiendo y la oportunidad de que en el Perú pase lo que alguna vez cambio la historia en Ecuador, Bolivia o la misma Argentina se esfumo.

La rebelión Pulpin, al ser multitudinaria, tuvo el acierto de organizarse por zonas, por conos como decíamos antes o por “Limas” como se acostumbra ahora. Pero como todo movimiento espontaneo, no estuvo ajeno a problemas de su propia naturaleza: los que querían apropiarse de ella por zonas o entera, sea en primera persona o para su colectivo o partido y, en el otro extremo, los que pretendían eternizar el espontaneismo y las convocatorias solo por redes.

Una vez derogada la ley y acabadas las fiestas de celebración el movimiento se diezmo. El debate estéril de partidos versus asambleístas, de oportunistas versus anarquistas ahuyento a gran parte de los asistentes a las zonas. Muchas el día de hoy en la realidad no existen. Y las que quedan son mucho mas pequeñas que hace un año.

Tuve la oportunidad de reunirme con muchos compañeros “pulpines” de distintas zonas y siempre les planteaba la urgencia de formación política en esos espacios: no se entienda formación política haber leído esto o aquello, o de terminar en algún partido político necesariamente. Hablamos de ese camino pesado pero necesario de organizar ideas y disciplinar acciones para no caer en el voluntarismo, oportunismo o falsos radicalismos. Y que eramos muchos los que podíamos aportar en eso sin pedir nada a cambio.

Les propuse también que, siendo tan numerosos, tener a los asistentes metidos semanalmente en un local era un despropósito, pues eran el blanco perfecto para los servicios de inteligencia que viven de armar expedientes y para mucho chiflado que ve en ellos una tribuna dispuesta a escuchar sus alucinaciones. Incluidos también los insufribles calichines de los partidos que se ganan los frejoles o un par de ave marías de sus viejos dirigentes, a los que les encanta engañarse con goles ajenos.

Y, por ultimo, que debían romper con la cultura facebook e irse a los barrios, sindicatos y comunidades campesinas para asumir sus agendas y sus formas de organización para así potenciar su crecimiento político y contribuyan de manera efectiva a liberar al país del imperialismo, neoliberalismo y la corrupción.

Pero nada de eso sucedió. Mas bien se cayo en el desgaste de invitar a marchar por todos los temas posibles, siempre desde las redes. Y como era previsible, se paso de miles a cientos en estos llamados. Es decir, se volvió a la etapa pre-rebelión pulpin.

A un año del triunfo que nos hizo creer que una nueva generación se alzaba para cambiarlo todo vemos con tristeza como un sector de esos jóvenes que ayer querían incendiar la Confiep y expulsar al FMI ahora están arrimados o asalariados de los Guzmán, Acuña, PPK y hasta de Keiko.

Esto pasa, y no solo en esta generación, cuando el voluntarismo no se encuentra con la formación política y si con los germenes del oportunismo que la sociedad capitalista inocula en cada centímetro de nuestra sociedad. Entonces nos convertimos en parte de ese “vale todo” de la política burguesa que tanto decíamos despreciar y con ese mal ejemplo y sin darnos cuenta invitamos a ser mas de lo mismo.

Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica dicta una frase de Allende que es mas bien una ley. Pero ser joven y tener como oficio la prostitución política es un error que demora en corregirse, si no hizo la mortal metástasis.Y siempre que eso pase con un sector de la juventud sera una pena enorme.

Desde luego no son todos. Muchos se han mantenido en sus espacios político-partidarios de izquierda y también se han sumado a nuevos esfuerzos socialistas como Perú Libertario. Pero ver la dispersión de la mayoría de esa juventud combativa, que hace un año le doblo el brazo a los poderosos, es un espina en el corazón de los que luchan por una Patria liberada.

Ahora que la derecha amenaza quedarse cinco años mas a terminar de vender la patria y encarcelar y matar a quien se le ponga enfrente, cuanta falta hace que ese ímpetu juvenil tome las calles de una Lima que no aprende a ponerse en sintonia con el resto de país, a pesar que carga el peor de lo males que el neoliberalismo puede impregnarle a un pueblo: la resignación.

Pero tengo fe que un día, de estos 80 que faltan para el 10 de Abril, nos vuelvan a dar una sorpresa ya sin oportunistas ni arribistas de por medio y le demos la estocada final a los enemigos del país.

 

Hasta la Victoria Siempre

Guillermo Bermejo Rojas

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