La comunicación es al ser social, lo que el alimento al ser humano

VENEZUELA | Por Víctor M. Rodríguez – La comunicación, entendida como un proceso de construcción social, no puede ser vista como un elemento aislado, dependiente de las acciones u omisiones de los medios de comunicación o de los tomadores de decisión de las llamadas “políticas públicas comunicacionales”.

El hecho comunicacional es un fenómeno innato de los seres vivos que buscan formas y maneras de socializar, de hacer contacto, de transmitir mensajes, emociones, pensamientos y la más variadas formas de percibir y entender la realidad. Es menester que tengamos claro que la comunicación es al ser social, lo que el alimento al ser humano.

Dicho esto, suena paradójico que se siga entendiendo a la comunicación como un elemento aislado o disgregado de la cultura y la educación. Es una alarmante realidad que “el tema educativo ha dejado de ser un objetivo que incluya a todos los grupos sociales, para convertirse en una industria productora de rentabilidad”. 1

Múltiples han sido, sin embargo las experiencias que han tratado de amalgamar la educación, con la cultura y la comunicación, en una simbiosis integral e integradora del ser social en su expresión diversa y multifacética.

No se trata sólo de poner a sonar “micros educativos” en los medios de comunicación, o de dar talleres de comunicación en las escuelas, liceos o universidades, donde se trate de concientizar sobre la importancia del rescate cultural ancestral o contemporáneo. Sin duda eso es válido y debe hacerse, pero, si está divorciado del proceso cotidiano que utilizamos para hacer comunicación social, solamente quedará como un gesto de buena voluntad y una intencionalidad altruista de construir una sociedad nueva sobre la base de la tormenta que a diario nos abruma y arropa a comunicadores, cultores y educadores; la alienación.

Uno de los elemenos que produce la alienación es la exclusión y “una de las formas de oponerse a la exclusión implica también reivindicar el derecho ciudadano a participar de la vida política, económica y cultural”; por lo cual “se define la exclusión como un producto propio del paradigma tecnológico neoliberal”. 2

Si bien, hay niveles, digamos saludables de alienación, producto de una decisión consciente del libre albedrío de cada individuo de “alienarse” de ciertos temas, asuntos o cuestiones que entiende no son determinantes para su día a día; por otro lado la alienación impuesta y sostenida por una comunicación mercantilista y altamente agresiva, tanto con el ser social, como con el ser humano que integra esa sociedad, es súmamente peligrosa para la sana convivencia y el desarrollo armónico en sociedad.

No se trata de puritanismos, ni de censura, se trata de analizar, definir, estructurar y sistematizar una práctica cultural, educativa y comunicacional que respondan a un plan integral adecuado a fines ulteriores de construir una sociedad, al tiempo que diversa, respetuosa de dicha diversidad y no segregadora de lo distinto.

Si nos ponemos a pensar en la cantidad de habitantes que cohabitamos hoy día el planeta, y percibimos la cantidad de cultores, educadores y comunicadores que crean, proponen, debaten, critican y aportan; suena ridículo que la “oferta comunicacional” sea cada vez más estruendosamente reducida a la necesidad de mercado de un sello discográfico, de una línea editorial o de una corriente transculturizadora que en nada favorece o dinamiza la integración endógena o exógena entre los que habitamos desde los espacios más pequeños, hasta las estructuras más amplias del planeta.

El desarrollo de una política pública integral e integradora, que aglutine lo cultural, conjuntamente con el hecho educativo, apoyado y ratificado desde lo comunicacional, podrá en verdad delinear una sociedad cohesionada y direccionada hacia estadios superiores de organización y humanidad. De lo contrario, la desintegración de los valores y principios sociales posicionará al ser humano ante la diyuntiva de perecer ante los embates de su propia creación alienante, la transculturización, la vanalización y la mediatización de lo intranscendente.

Debemos estar claros que “cada sociedad es un sistema. Vale decir que sus partes están interrelacionadas de tal manera que lo que acontece en una, tiene alguna repercusión en las restantes, claro está, en un grado variable”. 3

Urge un debate, cientos de debates que nos aglutinen, confronten y cuestionen nuestro accionar y el accionar de la sociedad en la marcha hacia la construcción de una mujer y un hombre nuevos. No le huyamos al debate, ni lo reduzcamos a un encuentro de sabiondos. El debate que reclama la sociedad es diverso, dinámico, inclusivo y a profundidad. Un debate transformador que pueda condicionar nuestra forma de ser, pensar y hacer hacia nuevas prácticas sociales de las cuales podamos sentirnos orgullosos de poder legarlas a las futuras generaciones.

La confrontación de ideas, visiones y opiniones es y debe seguir siendo el mecanismo mediante el cual podremos determinar las causas de nuestros males comunes, y en común delinear las salidas concensuadas hacia nuevas prácticas sociales desde todos y cada uno de nuestros espacios de activación cotidiana. Solamente así lo humano primará sobre lo mercantil y no seguirá sometido a los designios de éste.

Víctor M Rodríguez

Comunicador Independiente

victormanuel@prensacdp.com

NOTAS:

1La Óptica Mercantilista De La Banca Multilateral de Stella Venegas Calle y Óliver Mora Toscano en La Educación No Es Una Mercancía. Página 12

2Sin Comunicación No Hay Democracia de Ana Irene Méndez y Elda Morales. Página 158.

3Sociología De La Dominación de Alfredo Errandonea (h). Página 90

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