La actualidad de la revolución: crisis, contradicciones y propuestas

JORGE FORERO | La crisis estructural del capitalismo ha producido la agudización de las tensiones entre los dos principales bloques capitalistas. Estamos en presencia de una pugna rapaz entre el eje EEUU-Europa-Japón, y el eje China-Rusia, en su afán por alcanzar los mayores niveles de ganancia, a través del control sobre los precios de las materias primas, la supremacía sobre los mercados, y la sobreexplotación de los trabajadores, como medio para contrarrestar la caída tendencial de la tasa de ganancia.

Sin embargo, la inestabilidad del sistema, cuya base material es el capital financiero (ficticio e inorgánico) y la imposibilidad de generar reproducción ampliada de capital, ha producido un estancamiento de la economía mundial, que ha derivado en la debacle global de la misma, y ha determinado la caída abrupta de los precios de las materias primas, entre ellas el petróleo (caída presionada además por los conflictos de intereses entre países productores). Tal situación ha derivado en la reducción drástica de los ingresos fiscales en Venezuela, circunstancia que ha afectado notablemente la economía nacional.

La caída sostenida del precio del petróleo constituye el punto de ebullición de la crisis venezolana. La dependencia extrema del ingreso petrolero ha colapsado el modelo distributivo y de Estado de bienestar construido durante los últimos 15 años. En los últimos años, Venezuela ha perdido la capacidad de sostener los niveles de consumo, e incluso de solventar sus necesidades materiales fundamentales en los estándares alcanzados en el contexto de la revolución bolivariana. Esa es la variable que determinó la estrepitosa derrota política-electoral del chavismo el pasado 6D.

Venezuela en el ajedrez económico y geopolítico mundial

No se puede dejar de mencionar que Venezuela se encuentra en medio de un huracán de agresiones del imperialismo hegemónico (cuyo centro de poder se encuentra en los EEUU). Presión económica de capital ficticio para depreciar la moneda nacional, invasión paramilitar, hostilidades diplomáticas y una feroz guerra psicológica mediante los aparatos ideológicos al servicio del capital, son las manifestaciones más explícitas de ese ataque.

Se trata de una guerra multifactorial y multidimensional contra el proyecto revolucionario venezolano, el cual emergió como esperanza y como referente de resistencia antiimperialista y anticapitalista a escala mundial. Las evidencias empíricas y el análisis de las relaciones de poder que determinan esa guerra, demuestra que la misma es dirigida y financiada desde los centros de poder del capital monopólico trasnacional, y su objetivo estratégico es aniquilar física y moralmente a la revolución bolivariana.

Venezuela está en el centro de la pugna entre los dos polos imperialistas que compiten ferozmente –en condiciones de preguerra- por la hegemonía global (el liderado por EEUU para subyugarla, y el liderado por China-Rusia para mantenerlo bajo su espectro). Esto sucede, desde el punto de vista económico, por la abundancia de recursos como los hidrocarburos, los minerales, los suelos fértiles, la hidrografía y la fuerza de trabajo de Venezuela, los cuales tienen un valor estratégico en el ajedrez económico a escala mundial; y desde el punto de vista geopolítico, porque la revolución bolivariana es una referencia global de justicia social contra la lógica del capital.

Las contradicciones internas

Pero la hecatombe política del proceso revolucionario venezolano no se produjo únicamente por la acción hostil de agentes trasnacionales y de la oligarquía criolla. En gran medida, el avance de la contrarrevolución en Venezuela se explica por las contradicciones internas –de clase- del movimiento bolivariano, primordialmente por el signo pequeño burgués y reformista que ha dominado ideológica y materialmente la dirección política del proceso.

Las invaluables conquistas alcanzadas en el marco de la revolución bolivariana, producidas en el marco de un proceso de liberación nacional y la instauración de políticas de inclusión social, se han visto diezmadas ante la reducción del ingreso petrolero. Las carencias de sentido estratégico, las indefiniciones programáticas y la timidez de la dirigencia para enfrentar con acciones sólidas y coherentes al gran capital nacional y trasnacional, no permitieron el avance en la transición hacia el socialismo.

Las agudas contradicciones mencionadas superficialmente, determinaron más bien la instauración de un modelo económico, político y social inviable e insostenible. Mientras se asume una retórica socialista y emancipadora, en la realidad, el sistema económico está diseñado para potenciar el capital mediante la acumulación por desposesión y sobre la base de la reproducción de capital ficticio (según cifras oficiales del Banco Central, Venezuela ha aumentado en 17.000% el circulante monetario durante los últimos 16 años).

Mientras la revolución bolivariana es un referente de independencia y soberanía nacional, se presenta la gran incoherencia de que Venezuela se posiciona como el país con mayor fuga de capitales en el mundo en relación con su PIB, según el economista Manuel Sutherland (en referencia a datos oficiales del BCV), al menos 300.000 millones de dólares han sido exportados de manera fraudulenta durante los últimos 13 años.

Mientras se asume un discurso contra la burguesía, se mantiene una política fiscal y monetaria que garantiza niveles de ganancias exorbitantes para los monopolios nacionales y trasnacionales localizados en Venezuela, en perjuicio de la clase trabajadora. Los grandes capitales aportan entre el 70% y el 90% de los ingresos fiscales y contradictoriamente en los países neoliberales de todos los continentes, en cambio, la oligarquía venezolana aporta menos de una sexta parte de los ingresos fiscales nacionales.

Mientras el gobierno se proclama obrero, la combinación de factores como la escasez, la especulación y la usura (que se traducen en lo concreto en inflación sobre los precios de los bienes y servicios), ha determinado que los trabajadores venezolanos estemos ante un proceso de pauperización de nuestras condiciones de vida y de precarización de nuestras posibilidades de satisfacción de necesidades básicas.

El escenario es complejo, y hasta ahora el gobierno no ha mostrado signos de rectificación sincera y auténtica, más allá de medidas punitivas ineficaces y de paños de agua tibia para obtener mayores ingresos fiscales que le permitan sostener las políticas de inversión social para la protección de la población más vulnerable (pero si no se transforman las condiciones estructurales que han producido la pobreza y la marginación de la mayoría del pueblo venezolano, será imposible erradicar esos problemas).

Al parecer El golpe de Timón propugnado por el Comandante Hugo Chávez ha pasado a un segundo plano. El gobierno ha preferido resguardarse en la narrativa de victimización ante una guerra económica que en la práctica resulta metafísica, en la medida en que se aprecia que la arquitectura de la economía nacional está al servicio de los enemigos de la revolución: en primer lugar, porque se cancela de manera obediente una deuda en miles de millones de dólares al imperialismo (para generar confianza), y en segundo lugar porque se otorgan los ingresos petroleros a discreción del capital financiero y la lumpen-burguesía para que se agudice el saqueo de la riqueza nacional.

Más grave aún, se tiene el atrevimiento de señalar al pueblo como culpable de la hecatombe electoral del 6D, e incluso algunos dirigentes asumen que la crisis es producto de las políticas erradas del Comandante Hugo Chávez, y del fracaso del proyecto socialista, con lo cual se desconoce que el modo de producción-distribución-consumo hegemónico en Venezuela es el capitalismo dependiente (intensificado por la inacción del Estado en una especie de dejar hacer y dejar pasar que presenta más afinidad con el neoliberalismo que con el socialismo).

La situación actual no es producto de la aplicación de un modelo socialista, por el contrario, es el resultado de la agudización de la lógica del capital en las relaciones sociales de producción (dominadas por la presión del capital financiero especulativo), y de la progresiva restauración de políticas reformistas dadas por las incoherencias, las indefiniciones y las contradicciones del gobierno para enfrentar de manera revolucionaria (y en defensa de los intereses del pueblo trabajador), las agresiones del capital monopólico trasnacional contra Venezuela.

¿Qué hacer?

A pesar de un escenario tan convulso, el gobierno nacional aún tiene margen de maniobra para una contraofensiva revolucionaria a favor de la clase trabajadora. En el marco de la Emergencia Económica es factible llevar a cabo algunas medidas –no tremendistas- que garantizarían enfrentar la crisis y las agresiones externas (medidas que además redundarían en un aumento del apoyo popular en virtud de que favorecerían significativamente las condiciones de vida de la población), a continuación se exponen algunas acciones concretas en ese sentido:

Unificar las tasas cambiarias para propiciar condiciones monetarias para la producción nacional y las exportaciones en algunos rubros, y para romper con la corrupción mediante la reducción las importaciones fraudulentas, así como para desestimular el contrabando de extracción. La determinación de esa nueva tasa requiere de un estudio riguroso y sistemático de la realidad financiera del país, la coyuntura económica mundial y el impacto de esta medida en la población. Además la medida debe ir acompañada de un ajuste racional de precios, y un ajuste de salarios cuyo aumento sea directamente proporcional a la nueva tasa.

Una reforma fiscal que paulatinamente permita la captación de renta en condiciones “normales” de cualquier país neoliberal, incrementaría notablemente los ingresos nacionales (en Venezuela el ISLR aporta el 23% de los ingresos fiscales –y más de la mitad de estos la cancela PDVSA-, mientras que en la Europa capitalista, la Colombia y el Chile neoliberales ronda el 90%), y sería la base material del reimpulso productivo agrícola e industrial que resulta vital en estos momentos.

Un ajuste racional del precio de la gasolina, sobre la base de un estudio que permita reducir las astronómicas pérdidas anuales que se producen por ese concepto (en un subsidio que no llega de manera directa a la población más vulnerable).

El control absoluto del comercio exterior (ni una divisa más para la banca privada y la lumpen-burguesía). El gobierno debe crear un sistema de asignación y adquisición de insumos, materias primas, equipos tecnológicos, entre otros, para efectos de garantizar la productividad en las áreas y rubros de mayor déficit de abastecimiento.

Un sistema de control riguroso y auditable de todas las operaciones financieras dadas a través de la banca pública y privada, en coherencia con el Sistema de Información de Fondos Financieros (previsto en la Ley de Bancos).

La nacionalización del crédito, para invertir con sentido estratégico (mediante un plan nacional de inversión único) en la industrialización del país y en el fortalecimiento de la producción agrícola y pecuaria.

Interrupción de la emisión de dinero inorgánico por parte del BCV, pues los ingresos fiscales y el control del comercio exterior garantizarían los fondos que se requieren para la inversión social.

Moratoria de pago y auditoría de la deuda externa, en condiciones de crisis es insostenible cancelar en los términos y plazos actuales.

Mantener el cierre del paso fronterizo colombo-venezolano, pero evaluar la situación concreta del conjunto de las zonas fronterizas del país, y tomar de manera sistémica y sistemática las medidas estructurales necesarias para crear condiciones económicas, sociales, culturales, de equipamiento e infraestructura, y político-militares que permitan la apertura de dicho paso en el mediano plazo (de tal manera de reducir las asimetrías económicas, de expulsar los factores paramilitares y de erradicar la economía delictiva que domina las fronteras).

Investigar de manera rigurosa las cuentas y los bienes de los funcionarios públicos relacionados con CADIVI, SICAD, CENCOEX, y los organismos de control de la banca, así como los funcionarios militares de todos los rangos, del SAIME, del SENIAT y entre otras instituciones clave en el comercio y el flujo de capitales hacia el exterior.

Por último, y no menos importante, un plan estratégico de producción y/o importación, y de distribución de medicinas, instrumental e insumos médicos para la normalización del abastecimiento en esa área.

El conjunto de medidas enunciadas someramente, tendrían que venir acompañadas de medidas radicales e intransigentes contra la corrupción. Mientras el gobierno no ejecute medidas enérgicas y drásticas contra los grupos de poder que controlan la economía nacional (tanto de la oligarquía tradicional, como de la nueva burguesía de todos los colores), será imposible recuperar la credibilidad del pueblo.

La actualidad de la revolución

La agudización de la crisis hace que la revolución socialista sea más vigente y necesaria. El sustrato de la revolución bolivariana sigue intacto. La crisis histórica nacional y global es aún más grave respecto a la que precedió el ascenso al poder del movimiento bolivariano y de los gobiernos progresistas de América latina. Además, el imaginario radical cultivado por el Comandante Chávez persiste rebelde e insumiso en la conciencia histórica y de clase de gran parte de la población.

El hecho que en una situación de crisis económica tan grave (con una campaña electoral sin contenido, y con prácticas incoherentes), hayan votado 5,6 millones de personas por el chavismo, y que otros tantos hayan preferido abstenerse antes que votar por la derecha, no es un signo de obediencia, disciplina o estupidez, por el contrario, es la demostración de la presencia de ese imaginario radical.

La solución de la crisis no se encuentra en las recetas neoliberales. Donde los reformistas y los oportunistas intuyen la necesidad de entregar las banderas y revertir el proceso revolucionario, los socialistas debemos tener una lectura correcta y ver la crisis con una visión de totalidad, desde un enfoque historicista y dialéctico, que permita reconocer el momento como parte de la dinámica de la lucha de clases mundial, y como una nueva expresión de la hecatombe del sistema capitalista (insostenible desde el punto de vista económico, social y ecológico).

El pueblo trabajador no aceptará que se entreguen las banderas izadas de la mano del Comandante Chávez, por el contrario, está dispuesto a defender las conquistas alcanzadas en el marco de la revolución bolivariana, así como a profundizar el proceso de cambios iniciado hace más de 25 años.

La crisis es la oportunidad para superar (con plena conciencia de los sacrificios necesarios) el modelo venezolano: de signo mono-productor, extractivista y rentístico. Por tanto el gobierno debe hablar con la verdad al pueblo, y crear mecanismos de control y evaluación permanente (con entrega de cuentas).

Si el gobierno no da un viraje político y asume una posición coherente con la narrativa socialista de la revolución bolivariana, seguirá el proceso de socavamiento de la base social del chavismo, e inexorablemente se producirá la restauración del poder del imperialismo norteamericano sobre el Estado venezolano. Los(as) revolucionarios(as) debemos evitar a toda costa ese escenario, pero el gran responsable de evitarlo (porque tiene el poder para tomar decisiones acertadas y correctas desde la concepción revolucionaria) es el mismo gobierno.

Como se ha expuesto en otras oportunidades, el gobierno es (potencialmente) una agencia de gran importancia para la revolución, de hecho ha sido la punta de lanza de los avances de los últimos 15 años, es un instrumento para la transformación y una herramienta para la lucha de clases, pero la revolución y el movimiento revolucionario le trascienden. Contrario a lo que estiman las clases dominantes, la caída del gobierno no significaría el fin del proceso revolucionario, sino más bien una re-configuración y una agudización de la lucha de clases en Venezuela.

En tal caso, la restauración neoliberal referida no podría detener la crisis, por el contrario la acentuaría, y el carácter global-estructural e insostenible de dicha crisis (y su inminente colapso), produciría nuevos estallidos e insurgencias en todo el planeta, en las cuales, por las condiciones intersubjetivas presentes en este país, el bravo pueblo venezolano y su carga histórica de rebelión, seguirá siendo vanguardia de los pueblos explotados del mundo en la lucha por el socialismo.

¡Chávez Vive en la conciencia del pueblo trabajador: la lucha sigue!

 

JORGE FORERO

Venezuela

@jorgeforero89

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