El enemigo sos vos

ARGENTINA | Por Cecilia Guerrero Dewey – Este tiempo es un tiempo de temer. La actualidad mediática argentina hace estallar cualquier teoría de la comunicación. Hay una unanimidad discursiva y es sumamente efectiva.
Hace un año y medio, cuando la cámara brasilera estaba por votar el impeachment a Dilma Rousseff, Lisa me dijo: “Quiero que la destituyan, porque si lo hacen nos van a aumentar el sueldo”. Lo decía secándose las gotas de transpiración que le corrían por la frente mientras lavaba los platos sucios en el fondo de una parrilla de Benfica. Mulata de la zona norte de Río de Janeiro; golpeada por años de un racismo reinventado, por el alcohol y por algunos hombres; analfabeta; abuela joven; hermosa y pobre, pobre de la pobreza que se instala en la panza. Lisa me pedía a escondidas que le hiciera la lista de compras, no quería que los patrones supiesen que la lavaplatos no sabía cómo escribir detergente. Teníamos ese secreto y de ahí la confianza para contarnos cosas. Me hablaba de Lula, de las primeras veces que pudieron comer carne, de los años de sentirse gente y de la muy posterior crisis, que a los suyos siempre en el borde,había sido a los primeros en golpear. Sí, las cosas habían cambiado, y allí parada frente al agua sucia, quería que Dilma fuese destituida y llevada a juicio. Le pregunté por qué e insistió:

-Es que cuando se vaya, las cosas van a mejorar para nosotros, nos van a aumentar el sueldo.

-¿Y de dónde sacaste eso, Lisa?

-Lo dijeron en la tele, es así.

Y esas palabras en su boca sonaban con tanta esperanza ciega que sólo atiné a decirle: “Ay querida, no creas en esas cosas, por favor”. Pero allí mis palabras blancas y argentinas poco tenían que hacer. A los pocos meses con Dilma destituida, a Lisa no solamente le bajaban el sueldo y le extendían la jornada, sino que la dejaban sin el único franco semanal que tenía.

Notable trabajo realizaron los medios brasileros con la O Globo a la cabeza para convencer a los sectores más vulnerados de elegir su peor destino. Tan desquiciado fue el ataque a Dilma sobre corrupción que hasta tuvieron que salir a admitir que había sido mentira. Pero para entonces la mentira estaba instalada y el daño estaba hecho: la derecha más retrógrada logró instalarse con impunidad y además, aprendió a actuar rápido. Brasil siempre vuelve en estos días donde el discurso mediático que circula en nuestro país, que es ahora también el discurso del estado, trabaja con tanta alevosía e insistencia en convencernos que el nuevo enemigo somos nosotros mismos.

No es tan complicado, aunque parezca un lío. Cuando un poder político y económico quiere ejecutar una política necesita el aval para hacerlo, necesita que la sociedad lo acompañe. Los medios influyen para eso, hacen gran parte. Entonces se repite un discurso una y otra vez hasta que queda instalado y las políticas pueden ser llevadas adelante con más facilidad. A veces funciona, a veces no, depende de muchas otras cosas y este es sólo un reduccionismo.

Este tiempo es un tiempo de temer. La actualidad mediática argentina hace estallar cualquier teoría de la comunicación. Hay una unanimidad discursiva y es sumamente efectiva. Basta abrir cualquier diario, prender cualquier canal de tele o sintonizar la radio para escuchar hablar sobre el enemigo. A los demonios de siempre, los históricos cabecitas negras, se les sumaron los choriplaneros, los vagos, los artesanos aventureros y ahora también los mapuches. Lo peligroso es que todo eso somos nosotros. Y estas categorías tan “profundas” –sí, es ironía- donde insisten en instalarnos, no encierran sólo a un grupo, nos encierran a todos.

Fijate que el cabecita negra era y es el laburante común que empezaba a conquistar derechos, el tipo de barrio, el que carga bolsas, el de la pala y el puerto, el de los guantes y el camión, el curtido por el sol y el frío. Un laburante como cualquiera, pero para ellos decir cabecitas negras era posicionarlos en un lugar inferior, hostilizado. El cabecita negra siempre fue maltratado. El discurso circulante decía que ser cabecita negra equivalía a un sinnúmero de cosas horrorosas. Así, autoreferenciarse cabecita negra se hacía y se hace difícil, porque uno pasa a ser inmediatamente despreciado. Entonces, los mismos cabecitas negras llaman a otros así, porque pareciera mejor quedar en el lugar del hostilizador, aunque esta sea una trampa terrible.

Con los choriplaneros pasa lo mismo.¿Quiénes son? Los que cobramos alguna asignación por embarazo, por hijo, por discapacidad. Es notable, porque mientras el gobierno se regodea en extender la Asignación Universal por Hijo a los monotributistas, en realidad te empuja lenta y inexorablemente a ser un planero. Y si encima de cobrar esa ayuda del estado para resguardar la pobreza, si te gusta un poco el gobierno anterior o si tenés una crítica para este, te convertís inmediatamente en un choriplanero.

¿Los “vagos, vayan a laburar”? Son trabajadores, pero bueno, según parece esos en realidad son tipos a los que no les gusta trabajar más de 8 horas, imaginate, cómo pueden querer trabajar 8 horas y progresar, ese es un lujo que pueden darse unos pocos, a quién se le ocurre trabajar tan poco. Ni hablar si te cierran la fábrica, seguramente te echaron por reclamar sueldos o porque es muy difícil mantener empleados en blanco, cómo puede ser que salga tanto un empleado. Por eso no hay inversiones extranjeras, porque acá los empleados salen caros y tienen derechos, pero en realidad son unos vagos. Hay que recortarle el derecho a estos vagos. Estás desocupado porque sos vago. Estás despedido por vago. No te voy a dar un aumento porque pedirlo es cosa de vagos.

¿Y los hippies viajeros, los artesanos? Los viajeros son todos iguales, no se quieren comprometer con nada, qué tenía que estar haciendo ahí metido si no era su problema, seguramente estaba drogado como todo viajero, seguramente está por ahí de viaje perdido y quemado, seguramente se fue para otro lado y no le avisó a su familia.

¿Y los mapuches? Los mapuches son peligrosos, los mapuches son chilenos, los mapuches son violentos, los mapuches quieren matarnos, los mapuches son mata tehuelche, los mapuches son terroristas.

Y así, cualquier persona que defienda los derechos básicos, se fije en el otro, salga del esquema de la meritocracia, defienda su casa, quiera la vida, ame la tierra, se vuelve rápidamente una categoría hostil a la que nadie quiere pertenecer.

Con tanto enemigo suelto la cosa se pone fea. Al final está lleno de peligrosos, así no se puede progresar. Y todos lo repetimos una y otra vez hasta el hartazgo en la mesa, en la escuela, en las redes sociales, en los diarios, en la calle. Nadie quiere al enemigo.

El problema es que el laburante, el pibe de barrio, tu vecino, el de la asignación, el comprador de ofertas, los que queremos un aumento, los que no queremos trabajar más de 8 horas porque nos gusta estar con nuestras familias, la gente de esta tierra, los oscuritos, los cabecitas negras, los choriplaneros, vagos y mapuches somos vos y yo.Y vos y yo somos el enemigo.

Esta vez el enemigo no es un tipo con fusil, un tira bombas (aunque insisten con la mentira de la RAM), ni siquiera un revolucionario. El nuevo enemigo es del montón, con vicios del montón. Porque el aleccionamiento que viene es para el montón: reforma laboral, suba de la edad jubilatoria, aumentos desmedidos. Así el terreno queda muy preparado para lo que vendrá. Lo que vendrá va a destruir al enemigo, y ese sos vos.

 

Tomado desde Tiempo del Sur Noticias

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