Quejadera no soluciona nada

DANTE RIVAS | Venezuela | Más allá del tiempo institucional parlamentario nuevo, la gente, los ciudadanos, los que realmente nos interesan viven tiempos de gran exigencia social. La prioridad es lo humano, con la ayuda inmediata, directa, a quienes están sumergidos en necesidades de atención imperiosa. Eso es lo que caracteriza -y da tanta valoración nacional e internacional- a nuestras misiones.

Hay una crisis económica planetaria que debe atenderse y que lamentablemente nos ha impactado. Debemos ser extremadamente cuidadosos en la administración de los bienes públicos para mantenernos fuertes a partir de la fortaleza del precio de nuestro petróleo. Por eso, la quejadera permanente satura e indigna al soberano.

“Refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común”, como lo ordena nuestra Constitución, es una tarea para valientes, dispuestos a dar la vida si fuere necesario en esa noble misión tan alta en valores: dar una verdadera batalla multisectorial para consolidar la Independencia conquistada por nuestros próceres.

Cuando estuvimos en el SAIME y aparecía algún flojo de oficio, le decíamos: “Mejor que quejarse es hacer. Accione o deje el sitio para alguno de los muchos compatriotas calificados que están esperando la oportunidad de ingresar para sumar”. Los resultados fueron visibles: la productividad aumentó, hicimos más y mejor con el mismo costo. Generamos documentos de identidad de mejor calidad, en tiempos infinitamente menores a los de hace 10 años. Ahora la gente se va conforme, con su documento en mano y sin pasar los tormentos o extorsiones que caracterizaron las etapas pre-SAIME, que nunca debemos olvidar.

La quejadera, venezolanismo con historial bíblico, es un deporte nacional francamente negativo que termina deprimiendo a sus promotores y contaminando a los que todavía logran engañar. Recomendación: Dejar la quejadera y poner mentes y corazones a latir con ritmo de pueblo. Dar el ejemplo con aplicación y honestidad, convocando a la unidad en la acción y así saldremos adelante.

Cierro recordando que los buenos gobiernos se conocen cuando lo que hacen vale más que lo que sus opositores dicen. Hagámoslo. Es posible.

Un abrazo positivo.

Dante Rivas

@DanteRivasQ

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